sábado 04 de julio de 2020 - Edición Nº913
Gaceta Fueguina » Nacionales » 24 jun 2020

Nacionales

Baby Etchecopar y el patrón de la misoginia

Baby Etchecopar nos quiere sumisas. Exuda odio hacia las mujeres que tienen poder y cuestionan a los poderosos, a las que se organizan desde sectores populares y reclaman, a las que marchan, levantan la voz, y ponen en evidencia los privilegios masculinos. Su discurso cargado de prejuicios, nos agravia a todas.


Baby Etchecopar nos quiere sumisas. Exuda odio hacia las mujeres que tienen poder y cuestionan a los poderosos, a las que se organizan desde sectores populares y reclaman, a las que marchan, levantan la voz, y ponen en evidencia los privilegios masculinos. Su discurso cargado de prejuicios, nos agravia a todas.

 
 

Esta vez hostigó a la vicepresidenta de la Nación y la comparó con una enfermedad que puede ser letal, como el cáncer. Su voz es la de la derecha antiperonista que en el ’52 celebraba el cáncer de Evita. También buscó descalificar a CFK al describirla como “una señora sola”: enarbola esa idea arcaica de que si una mujer no está al lado de un hombre, vale menos. Después siguió escupiendo más odio. Dos cosas para destacar:

 
Ninguno de los demás comensales de La Noche de Mirtha (El Trece), ni la conductora Juana Viale, dijeron nada. El silencio de González Oro, Feinmann y Carnotta es significativo.

Baby Etchecopar es una máquina de vomitar frases agraviantes hacia mujeres –un perfil de mujeres que sale del molde más tradicional—y lo hace sin una argumentación que sostenga sus puntos de vista. Eso es lo que irrita. No avala sus dichos con una fundamentación, con hechos, es pura adjetivación descalificante: ofensa gratuita, misógina, al estilo de Donald Trump o Jair Bolsonaro, salvando las distancias.

Cuanto más se escuchan las voces de las mujeres fuera de los ámbitos domésticos, los Etchecopar reafirman su cargamento de estereotipos machistas. Después de los repudios que recibió, expresó una disculpa por la comparación con el cáncer –sobre lo demás, no dijo nada-- pero no resulta creíble. Hay un patrón que lo desmiente. La semana pasada, en su programa de América 24, “Basta Baby”, arremetió contra la diputada del Frente de Todos Jimena López, por la presentación de un proyecto para cambiar el nombre de la Cámara de Diputados y agregarle también la palabra Diputadas. Una reforma necesaria, cuando hay un 42 por ciento de mujeres que ocupan bancas.

No nombrarlas, las invisibiliza. Para denigrarla insinuó que López llegó a su banca por ser la amante de algún legislador, pero no expresó ningún argumento para rechazar el proyecto más que la descalificación obvia.

El año pasado, en su programa El Ángel del Mediodía, de Radio 10, se refirió en términos ofensivos a los reclamos de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas. “No hagas la carrera de azafata. Anda a una casa de masajes. Por ahí te conviene con final feliz. Ganas más plata en menos tiempo”, dijo.

En 2019 cumplió con una probation –cediendo minutos de aire a mensajes sobre derechos de las mujeres-- como parte del acuerdo con la Justicia luego de ser denunciado en 2018 por haber alentado, en ese espacio, “la persecución y el odio contra dirigentes, mujeres integrantes de movimientos populares, gremiales y sociales”, durante una entrevista con una referente del Movimiento Evita.

En 2013, también en “El ángel del mediodía”, aludió en forma despectiva “a las mujeres de más de 40 años”, y dijo que las que no tengan “una medida estándar, no digo Valeria Mazza, digo algo comestible, una mujer común y potable” hay que darle “un martillazo en la cabeza”. Literalmente propuso matarlas por ser, a sus ojos, feas. Sus discursos de odio tienen seguidores: arrastra a los sectores más recalcitrantes y conservadores. Está en la tele y en la radio y lo invitan a otros programas. Tiene audiencia. Eso es tal vez, lo más preocupante. Quienes callan frente a sus dichos o lo celebran.

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